lunes, 3 de diciembre de 2007

Tinta Sangre

No quiero dejar manchas de sangre en esta ocasión, me repetía constantemente sin saber qué es lo que iba a pasar más adelante. Doblando en la esquina me di cuenta que llovía y ahí estaba yo, tirado en la banqueta con manchas rojas en la camisa –ya lo veía venir, pensé-. Estaba balbuceando, semiconsciente y todavía vestido, lo cual representa una situación satisfactoria, puesto que en otras ocasiones me he encontrado desnudo, desmembrado, y lo que queda de mí, en medio de un charco de sangre.

A veces cuando quieres algo, no lo puedes tener y viceversa; claro, estoy hablando de una cosa aparentemente simple como conciliar el sueño. Es fácil de decir, pero cuando hablamos ya de una enfermedad terminal como sentir, por ejemplo, todo se vuelve más confuso y cada vez más complejo. Obvio que el resultado del estrés provocado por dichas encrucijadas está en relación directa al valor que uno le asigna a una u otra cosa; éste a su vez no siempre tiene una raíz tan clara y visible como para cortarla y sustituirla con otra planta de diferente valor, razón por la que nos es encabronadamente difícil desasociarlas. Entonces, uno sufre, sufre porque lo que esperas, simplemente, pasa de otra forma. En este sentido (sin que deba tenerlo), camina uno por la vida, la vida de la memoria, por los callejones de buenos recuerdos, malos recuerdos, amplias y limpias avenidas de momentos que nos hacen sentir orgullosos. A veces, uno se traslada a Ciudad Presente (que puede caber hasta dos semanas cuenta atrás), casi siempre en tren, para ir planeando cada instalación eléctrica, las tuberías y los accesos que deba llevar cada nueva construcción, del tipo que sea, un edificio en nombre del trabajo, un nuevo puente para que las pendejadas lleguen más rápido a su destino, etc.

Esta vez, iba saliendo de una junta en la calle “Confusión”-me caga esa calle; siempre es un pedo salir de ahí- con una cosa en mente, la conclusión a la que llegamos en dicha reunión-. No quiero dejar manchas de sangre en esta ocasión… no quiero dejar manchas de sangre en esta ocasión- cuando al dar la vuelta a la esquina en “Presentimiento” (donde por cierto, les rento un lugar a un par de yonquis pesimistas), ¡tómala! Me veo boca arriba, tratando de pedirme ayuda. Para mi suerte, esta vez me he encontrado a tiempo, me ayudé a levantarme, me pregunté cómo estaba –he estado peor, esta ha sido muy ligera, me contesté-, me llevé a casa (vivo justo en el centro), me recosté y me senté a un lado hasta que pasara el malestar, aunque de sangre no he podido evitar mancharme un poco.

2 comentarios:

Estela Urías Carlos dijo...

Mendo, así, por encimita me gustó... el punto es que tengo que releer, por aquello de las lecturas y el entre líneas y eso, ya ves que soy medio tardadita en captar...
Por cierto, no paro de reir con el: "peli, pizza y coca"... - "Y PIZZA!!!" jajajaja duh

Estela Urías Carlos dijo...

Me gustó Mendo, terminaste acribillado jeje... en esas andamos... bueno, yo recojo mis pedazos, a mi sí me destazaron, pero ya me falta poco jaja.
De verdad me pareció buena la manera en la que viste lo que pasó, dual; Sensato que siempre está le echa la mano a Roman Sentimental... pero no entiendo... Sensato no lo dejó ir más allá o la balacera fue leve?

Ahora aviéntate el intento de suicidio de Sensato.(eso de intento de suicidio tiene mucho sentido ja)